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My Story


Atención. El siguiente relato trata de temas que pueden herir la sensibilidad ajena. Leanlo bajo su propia responsabilidad. Lo aquí escrito es ficción y cualquier parecido con personas o hechos reales es pura coincidencia.

Está bien, empezaré por el principio del todo que es como se cuentan las buenas historias.

Supongo que sería un 20 de febrero de 1999, seguro que por la noche, cuando este menda nació y seguramente también fue un 21 de feberero cuando lo abandonaron en el Convento de Saint Joseph, cerca de Nueva York. Digo supongo porque obviamente yo no me acuerdo de nada y todo lo que sé es porque la Hermana Prudence me lo contó; solía hacerlo a menudo mientras dibujaba esa sonrisa cruel en los labios de quien se sabe, disfruta humillando a los demás.
Según la vieja arpía, ya sospechaba algo cuando esa pareja no tan feliz se bajó del Mercedes que conducían, ataviados con sus marcas caras y sus rostros despreocupados de adolescentes descerebrados. «Otros niños ricos que no quieren hacerse cargo de su error» seguro que pensó eso mientras les observaba desde la ventana, torciendo el gesto con claro reproche. Es curioso, de haber preferido quedarse conmigo ahora estaría en un yate vistiendo de Prada. Pero no, supongo que preferían olvidarse de mí... Eso parece una constante en mi vida.

La vida en el orfanato Saint Joseph era como en muchos otros lugares similares a lo largo y ancho de la nación: Muchos rezos, protocolos estrictos, comida pasable como mucho... Ya sabéis. Yo nunca destaqué por ser muy listo, la verdad es que pasaba las clases reguardado en la esquina del fondo, bien callado y sin llamar la atención. Pero siempre me sacaban a la pizarra a resolver una ecuación o recitar un texto y yo, obviamente, nunca acertaba y lograba una regañina y burlas por igual.

La verdad es que yo nunca caí muy bien, sí, sí, lo sé, ahora me veís tan guapo y enérgico, tan seguro de mí mismo que os sorprende que no fuese sí. Pero no lo era. Nunca hice amigos allí, era demasiado enclenque y retraído, siempre temeroso de todo y siempre escondiéndose de los demás. En el recreo, nadie me invitaba; en la comida, me quedaba sin sitio; en los deportes, nunca me escogían; por los pasillos, golpes y risas. Por aquel entonces las palizas y degradaciones me perseguían en sueños y me hacían llorar hasta que el sol volvía a salir. Hoy me siguen haciendo llorar pero de una forma más placentera.

Pronto me volví una sombra. Me sentía tan vacío por dentro. El miedo me consumía las entrañas y más de una vez pensé en lo fácil y liberador que habría sido escalar hasta el tejado y saltar. Un solo salto y después, oscuridad. Pero como era un poco cobarde yo empezé a evadirme escapando de aquel lugar y como nunca me prestaban mucha atención me era fácil escabullirme y caminar hasta la ciudad que no quedaba muy lejos. Tardé varios intentos en llegar, no os creaís, porque las señales eran confusas y al principio no me atrevía ir muy lejos. Luego fui explorando más y más hasta que comprendía que la carretera era mi mejor aliada, muchas veces lograba que alguien me llevase pues un tímido joven de uniforme no parecía muy peligroso.

Recuerdo la priemera vez que vi la Gran Manzana con mis ojos, estaba absorto por la cantidad de personas, edificios y coches que pasaban a mi alrededor, una telaraña de libertad donde yo no era nadie y a la vez podía serlo todo. Pasaron los meses y el 2013 llegó para marcarme la vida. Hacía ya un par de años que bajaba a Nueva York y aunque continuamente se me regañaba y castigaba por saltarme las clases, a mí ya no me importaban ni las monjas ni los compañeros, ni las burlas ni los golpes. Era feliz en aquella ciudad que se había vuelto mi hogar. Bueno, en aquella isla porque no me atrevía a abandonar Manhattan. Me entretenía buscando monedas por el suelo y luego las gastaba en los juegos recreativos o, si tenía suerte me compraba algún bocadillo en los puestos ambulantes. Precisamente ahí comienza realmente mi historia. Yo había encontrado la increíble fortuna que suponía un billete de veinte dólares e iba a comprar un buen almuerzo cuando unos chavales me empujaron por la espalda haciéndome caer a la acera; se me rasparon las rodillas. Pero no lloré pues en vez de eso me levanté por primera vez en mi vida y perseguí a aquellos rateros por las callejuelas de la ciudad. Les perseguí hasta que me llevaron ante su lider y él, bueno, aún no lo sabía pero él me cambiaría la vida. Esa fue la primera vez que conocía a Kevin.

Pero debo hablaros antes de él. Kevin Glenn nació el 6 de abril de 1996 en el Bronx. A diferencia de mis padres, a él si le querían y no eran ricos. De hecho vivían bastante al día y Kevin abandonó pronto su hogar porque estaba harto del borracho de su padre, que era irlandés y blanco como la leche y de la pasividad de su madre, que había nacido en Haití, trabajaba de limpiadora y como mucho le había enseñado francés. Claro que las clases de idiomas no compensaban que se limitase a quedarse callada mientras su marido convertía las vidas de su familia en una pesadilla. Kevin siempre fue muy alto y tenía un don para el deporte. Tenía una constitución fuerte que le hacía aparentar mucha más edad y además entrenaba duro con sus amigos del barrio ya fuese levantando pesas, boxeando o haciendo parkour. Así que tan pronto se mudó con sus amigos, dos de los cuales eran los que me habían robado, a otro piso del Bronx, comenzó a ganarse un dinero en las peleas clandestinas y como sabía pegar y lo hacía fuerte, ganó cierta fama y dinero. Aún así, hay que comprender que Kevin era una persona muy violenta y sádica, disfrutaba dando palizas dentro y fuera del ring y cuanto mas chillaban y gritaban sus víctimas más le gustaba. Kevin tenía puro odio y rabia dentro de él y aunque le gustaba el dinero, la sensación de estar haciendo daño le gustaba todavía mas. Así que, como era natural, él y sus amigos empezaron a robar, atracar, golpear y hacer todo lo que podía darles dinero rápido y además les diese la adrelanina suficiente. No importaba quien quedase atrás ni cuanta sangre manchase las calles de Nueva York.

Pero volviendo al presente, yo me armé de valor y reclamé mi dinero. Kevin me miró con desprecio y se burló de sus camaradas por robarle a una mierda como yo. Aún así yo insistí y él... Me dio un puñetazo que me reventó la nariz. Pero yo esa vez grité, consumido por cada vez que me habían hecho sentir como una puta mierda y algo despertó en mí: la rabia. Me levanté e intenté contraatacar pero él me dio una buena paliza. No fueron fuegos artificiales pero sí que saltaron chispas.

A duras penas volví al orfanato y tardé una semana en recuperarme lo suficiente. Estaba mas enfadado que nunca y pensaba tomar mi venganza. Bueno, no estaba pensando en nada realmente. Simplemente volvía, esta vez armado con una palanca, al lugar donde nos conocimos y allí estaba él. Me reconoció y se rió de mí, yo me lanzé y al menos un plancazo le di. Luego me desarmó con una llave y y me dio otra golpiza. Pero esta vez pensó que yo era útil. Estaba cargado de rabia, no tenía nada que perder y ademas a Billy, uno de la banda, le habían encarcelado así que había un hueco por llenar. El resto no estuvo muy convencido pero bueno, Kevin me reclamó como juguete y experimento personal y se comprometió a entrenarme. No importaba demasiado porque se pensó que no sobreviviría ni un día. Aquella fue la última vez que pisé el orfanato.

Kevin me llevó a donde ellos vivían. Se habían mudado a Queens y compartían tres pisos en un edificio. Yo me quedé con Kevin y Samantha. En los otros vivían Romeo, Louis y Phill por un lado; Martha, Jessica y Billy en otro. Samantha era la novia de Kevin por aquel entonces y aunque prefería que viviese con Jessica y Martha, Kevin insitió que yo me quedase que para eso era su experimento. Él me enseñó a hurtar, a ecalar edificios, a pelear, a usar alguna que otra arma y a disparar. También a ser sigiloso cuando convenía y a mantener el equilibrio. Hubo roturas, caídas, cortes, golpes y moratones a montones pero al cabo de un año y yo ya estaba más que integrado y había aprendido muchas cosas. La más importante, aprendí a no tener miedo.

Los años pasaron hasta que llegamos al 2017. Samantha y Kevin rompieron después de un golpe que salió mal. Un saqueó en una tienda de ropa cara en Manhattan. Samantha debía desconectar las alarmas como hacía siempre pero esa vez algo falló y se dispararon. En cuanto nos dimos cuenta ya nos estaban disparando. Kevin, Samantha, los demás y yo logramos escapar pero Jessica no tuvo tanta suerte. Aún recuerdo su mirada de pánico antes de que la vida se le desvaneciese entre los ojos. Martha, ella y Louis se fueron para siempre. Kevin bebió y fumó mucho y por la noche fue a buscarme. Subimos a la terraza y bebimos vodka mientras él se desahogaba. No sé como pasó pero me dijo que se sentía solo y que solo podía contar conmigo. Entonces me besó y para mí se detuvo el mundo pues llevaba años sabiendo aquella verdad, que yo estaba enamorado de él. Luego me llevó a su cuarto, se dijo así mismo que solo era una noche y a mí me amenazó para que no contase nada. Esa fue la primera vez que nos acostamos y yo no pude ser más feliz.

Pero esa noche se volvió otra y otra y Kevin ya me reclamaba igual que hacía con Samantha. Él no comprendía el amor, creo yo y aunque me cuidaba y se preocupaba era igual de sádico y cruel conmigo que con los demás. La relación fue abusiva desde el principio aunque yo no le di mucha importancia en ese momento, estaba tan engachando a él que le perdonaba todo pues era lo único que tenía y si él se alejaba de mí, si no lograba su aprobación... No sé que habría hecho. Pero a pesar de toda esa manipulación, de sus abusos mentales y su tormento físico yo seguía con él, fiel, como un perro. Creo que algo dentro de mi cabeza se rompió durante nuestra relación: Desde entonces siempre he dejado que me peguen y que me insulten, que me manden y que me manipulen. Supongo que tuve que asimilar todo eso como algo positivo para sobrevivir, como si esa clase de relación fuese algo ídilico a lo que aspirar y no tuviese que afrontar el hecho de que la persona que amaba disfrutaba haciéndome daño.

Nuestra aventura acabó en el 2019. En febrero de ese año Kevin decidió que si iba a ser suyo lo sería para siempre y me pidio matrimonio mientras disfrutábamos de otra velada en la terraza. La banda se había acostumbrado a vernos juntos como una pareja, no había problema en ello pues Martha y Jessica habían sido pareja. Creo que me lo pidió porque deseaba controlarme mas, quizás estaba despertando y viendo que esa mierda me estaba jodiendo vivo y decidió lanzar aquel gesto para atraparme mas. Lo logró. Una semana después Louis se ordenó sacerdote por internet y nos casó. No fue nada oficial pero para nosotros valió. Así fue como Ben sin apellido pasó a ser Benjamin Glenn. En Agosto tuvimos una dura pelea contra una banda rival, yo acabé muy mal en el primer encuentro pues nos sorprendieron y tuve que guardar reposo mientras los demás salían a poner fin a la dispusta. No sé lo que pasó ese día pero Romeo me contó que Kevin había recibido un balazo en la cabeza y que se habían llevado el cuerpo para tirarlo al Hudson. Solo él sobrevivió y después de eso se largó. Yo me pasé el resto del año de luto, sintiéndome solo, vacío, destrozado... Así hasta que decidí que debía seguir adelante. Había empezado a frecuentar clubs nocturnos y ganaba dinero bailando en ellos. Me sentía menos solo cuando aquellos hombres de dedos grasientos me tocaban la piel y babeaban al verme. A veces hasta les acompañaba en sus camas a cambio de unos billetes más.

A grandes rasgos esta es mi historia. De principio a fin. Ahora en pleno 2021 sigo ganándome la vida en los clubs y no creo que eso cambie en un tiempo o quizas sí... Uno nunca sabe donde acabará en esta vida.

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